Mostrando entradas con la etiqueta propiedad del recurso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta propiedad del recurso. Mostrar todas las entradas

jueves, 4 de abril de 2013

La instalación del rentismo en Venezuela: 1.915 - 1.935

 El distribucionismo estatal-dictatorial: el enclave petrolero (1920 - 1935)


Entre 1.910 y 1.920 se otorgaron muchas concesiones a venezolanos y extranjeros, pero la explotación no fue muy grande. La más importante fue la de Venezuelan Development Co., una compañía británica (más de 200 Km2). La explotación petrolera se consolida en Venezuela después de la Primera Guerra Mundial. En 1.920, la exportación petrolera era inferior al millón de barriles anuales (906.940 barriles), lo cual representaba unos 12 millones de Bs., muy por debajo de las exportaciones tradicionales. Sin embargo, ya se percibía su enorme importancia futura, según los análisis de Gumersindo Torres y Salvador de la Plaza, especialmente para el desarrollo de los sectores energético y del transporte en el mundo. Por eso, se requerían decisiones acerca de varios problemas, como por ejemplo:

  • ¿Quién sería el propietario del petróleo?: ¿los propietarios de la tierra?, ¿el Estado?, los gobiernos regionales?
  • ¿Quiénes tendrían derecho a explotarlo?: ¿los venezolanos?, ¿empresas extranjeras?
  • ¿Cuánto deberían pagar los explotadores al propietario?

Las decisiones tomadas por el gobierno fueron que el petróleo pertenecía al Estado, lo podrían explotar empresas a las que el gobierno otorgara concesiones de exploración y explotación (de hecho, la mayoría extranjeras) y ellas pagarían unos impuestos fijados por contrato, de acuerdo con las leyes mineras vigentes. Es de hacer notar que aún no existía en Venezuela el impuesto sobre la renta.

Las razones de esta decisión se pueden solamente conjeturar. La propiedad estatal estaba fundada en la tradición colonial de la propiedad del subsuelo por el Estado, confirmada por los gobiernos republicanos sucesores, pero podría haberse cambiado, por ejemplo, siguiendo el patrón norteamericano de propiedad privada. El dictador, jefe del Estado, era propietario de mucha tierra y patrón de haciendas, pero no en las zonas petroleras. Así que no veía bien que se formaran poderes económicos criollos locales, ya que bastante le había costado acabar con los caudillos. Las compañías extranjeras, con su tecnología, capital y mercados externos, constituían una garantía de ingresos inmediatos. Por otra parte, para tales empresas era cómodo tratar con un dictador fuerte, que mantenía el país en orden y que tenía buenas relaciones con los gobiernos europeos y de Estados Unidos, en vez de tratar con muchos terratenientes o autoridades locales de comportamientos imprevisibles.

Las consecuencias de estas decisiones fueron de largo alcance.